Acrílico sobre materia sobre lienzo 90X120 cm.
Ambientado en un atardecer primaveral en Valladolid, este cuadro muestra campos verdes que se tiñen de amarillo, cargados de vida y renovación. Entre los tallos emergen notas de color —rojas, blancas y naranjas— que buscan abrirse paso hacia la luz tamizada que las envuelve. La obra transmite energía, viveza y alegría. Esa fue su inspiración y es precisamente esa sensación la que proyecta en el espacio que la acoge. No pretende nada más, ni nada menos.
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